¿Qué es la Apnea del sueño?

La agotadora apnea del sueño
La apnea del sueño es una enfermedad que afecta a más de 750 mil personas en Chile. Entre otras consecuencias, aumenta el riesgo de infarto, hipertensión, accidentes de tránsito y laborales, depresión e impotencia.

Una persona que cumple con las recomendadas ocho horas diarias de sueño, no necesariamente despierta descansada. Es que no basta con dormir; lo importante es dormir bien. El sueño cumple un rol fundamental en la vida, pues es la única manera de recuperar la energía gastada durante el día. Cuando se duerme mal, muchas capacidades se ven alteradas.

Algunas personas sufren una serie de fenómenos a los que no les dan importancia, pero que sí la tienen. Los ronquidos, sufrir pausas respiratorias durante la noche, despertar súbitamente o quedarse dormido en el trabajo pueden ser la voz de alerta para avisarnos que el sueño no es todo lo reparador que debiera.

El síndrome de apnea-hipoapnea obstructiva del sueño (SAHOS) consiste en episodios repetidos de obstrucción parcial o total de la vía aérea faríngea, mientras la persona duerme. Cuando ésta deja de respirar, baja el nivel de oxígeno de la sangre, incluso hasta un 30 por ciento de lo normal.

Se calcula que entre un 5 y 10 por ciento de la población sufre este síndrome, lo que supera las cifras de diabetes y asma bronquial. Afecta tanto a niños como a adultos, y es más común en los hombres que en las mujeres, de entre 30 y 60 años. El grupo de mayor riesgo está conformado por obesos, cardiópatas coronarios, hipertensos, fumadores, personas de cuello grueso y grandes roncadores.

¿Cómo detectarlo?

La mayoría de las personas que sufre de este síndrome del sueño, no tiene conciencia del problema. Sus principales motivos de consulta son los ronquidos que aumentan progresivamente y la hipersomnolencia diurna. En muchos casos, son las señoras quienes llevan al marido al médico, ya que no pueden dormir con los ronquidos, y son testigos noche a noche, de las pausas respiratorias (apneas), el sueño inquieto y el desánimo y somnolencia en el día, que van aumentando progresivamente durante meses y años.

Cuando ocurre un episodio obstructivo de la faringe, el cuerpo reacciona y la persona despierta, lo que revierte el proceso. Esto trae a la vez una descarga de adrenalina, elevación de la presión arterial y taquicardia. Las consecuencias son trastornos cardio-respiratorios y neuro-psiquiátricos.

Uno de los síntomas principales del problema es la hipersomnolencia. Como la persona duerme mal, en el día anda cansada y con mucho sueño. También hay una reducción de la capacidad de concentración, fatiga, alteración del carácter e impotencia sexual. Durante la noche, los hechos clínicos principales son el ronquido, las pausas respiratorias y los dolores de cabeza, que pueden persistir en el día.

Estudios indican que este síndrome también se asocia con otras afecciones como las arritmias cardíacas, la hipertensión pulmonar, la enfermedad coronaria y el infarto. Pacientes con un alto índice de apnea-hipoapnea tienen mayor mortalidad.

Para diagnosticar esta enfermedad, es fundamental la información aportada por quienes comparten la pieza en que duerme el paciente. Es importante estudiar a las personas que, además de presentar somnolencia diurna, son roncadoras, tienen obesidad y han tenido apneas presenciadas. También se acentúa en pacientes asmáticos, alérgicos, respiradores bucales, con reflejo gastroesofágico, etc.

Pero el ronquido como único síntoma no es por sí solo un indicador definitivo de la presencia de este síndrome. No todos los roncadores lo sufren, aunque gran parte de los pacientes con apneas respiratorias son roncadores.

Tratamiento eficaz

El tratamiento siempre es específico y se elabora de acuerdo a la sintomatología de cada persona. El objetivo es evitar el cierre de la faringe y así normalizar la respiración, mejorar el sueño y controlar los síntomas. En la gran mayoría de los casos el tratamiento bien llevado es efectivo.

En los casos leves, se trata de eliminar los factores de riesgo, como obesidad, ingesta de somníferos, consumo de alcohol cerca de la hora de dormir, tabaquismo y anomalías anatómicas como adenoides y amígdalas hipertrofiadas. Es común que en los niños las apneas sean causadas por estos problemas anatómicos, por lo que se solucionan con cirugía.

En los casos moderados y severos, además de las indicaciones anteriores, el tratamiento más efectivo es la CPAP nasal en el que se mantienen abiertas las estructuras blandas de la faringe, lo que deja pasar el aire e impide que se obstruya la vía respiratoria superior y se obtiene un sueño profundo y reparador que no sólo se mejora el enfermo, sino que también la pareja, pues se evitan los ronquidos, los sobresaltos por las repentinas apneas, y en el día la persona está más relajada y mejor dispuesta para su actividad diaria.

Existen diversas opciones disponibles. Algunas medidas sencillas pueden ayudar a aliviar los síntomas del SAOS, como por ejemplo:

Perder peso.
Evitar el consumo de bebidas alcohólicas por la noche.
Dormir de lado.
No obstante, estas medidas no siempre resuelven los problemas del SAOS. La presión positiva de las vías respiratorias (CPAP) es un tratamiento eficaz para el SAOS, en el cual se aplica un flujo suave de aire directamente por la nariz y la boca mediante una mascarilla para prevenir que las vías respiratorias superiores se cierren, de modo que pueda respirar con mayor facilidad mientras duerme.

El tratamiento con CPAP es seguro y no invasivo, y puede aliviar los síntomas del SAOS si se utiliza según las indicaciones.

¿Qué puede ocurrir si no se trata el SAOS?

Existen numerosos riesgos posibles relacionados con la ausencia de tratamiento del SAOS. Se ha demostrado en investigaciones clínicas que existe una conexión entre el SAOS y enfermedades crónicas como la hipertensión arterial, enfermedades cardíacas, ataques al corazón, accidentes cerebrovasculares, obesidad, diabetes tipo II, y con accidentes laborales y con vehículos motorizados relacionados con la fatiga.

El tratamiento del SAOS puede limitar el riesgo de presentar estas afecciones que ponen en riesgo a la persona y puede mejorar la calidad de vida.

Hipertensión arterial:
El hecho de presentar SAOS puede incrementar el riesgo de sufrir hipertensión, un factor de riesgo cardiovascular. El tratamiento del SAOS puede reducir la presión arterial y el riesgo de accidentes cerebrovasculares.

Fibrilación auricular:
El SAOS puede promover la presencia de ritmos cardíacos anormales como la fibrilación auricular. Además, los pacientes con fibrilación auricular y SAOS no tratado son más propensos a presentar una recurrencia de la fibrilación tras un tratamiento exitoso para esta afección cardíaca, en comparación con pacientes sin SAOS o con SAOS debidamente tratado.

Enfermedad cardiovascular:
El SAOS no tratado causa tensión en el corazón, hecho que puede dar lugar a la aparición de enfermedades cardiovasculares graves, como insuficiencia cardíaca e incluso infarto de miocardio. Sin embargo, el tratamiento del SAOS puede reducir el riesgo de padecer estos tipos de patologías y ayudar a los pacientes a proteger el corazón y las arterias.

Accidentes cerebrovasculares:
Los datos sugieren que el SAOS es un factor de riesgo significativo para los accidentes cerebrovasculares (ACV) y que su presencia puede dificultar la recuperación después de un accidente cerebrovascular.

Diabetes de tipo II:
Las personas que sufren apnea del sueño corren mayor riesgo de presentar resistencia a la insulina, lo que puede ocasionar diabetes tipo II. En estudios clínicos se ha demostrado que las personas que sufren diabetes tipo II suelen presentar apnea del sueño.

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